Lo ocurrido con Mattéo Guendouzi tras la eliminación del Olympique de Lyon y la clasificación del Fenerbahçe para la Champions League fue una actuación lamentable.
El conjunto turco consiguió una clasificación histórica, regresando a la máxima competición continental después de 17 temporadas de ausencia. Una noche para celebrar y disfrutar.
Pero las imágenes que terminaron recorriendo las redes sociales fueron otras.

Guendouzi, lejos de limitarse a celebrar con sus compañeros, dirigió diferentes gestos provocadores hacia la afición del Lyon, incluyendo cortes de manga y gestos obscenos. La tensión terminó trasladándose al terreno de juego y posteriormente al túnel de vestuarios, con una tangana entre varios protagonistas.
Y aquí es donde conviene hacerse una pregunta:
¿Hasta dónde puede llegar un futbolista profesional para provocar a una afición?
Una falta de respeto al fútbol
Guendouzi tiene todo el derecho del mundo a celebrar una victoria.
Tiene derecho a estar feliz, a disfrutar de una clasificación histórica y a compartirlo con sus compañeros y aficionados.
Lo que no debería hacer es utilizar su posición para alimentar deliberadamente una situación de tensión que puede terminar en violencia.
Esto no tiene que ver con ser más o menos provocador.
Tiene que ver con respeto.
Respeto por el rival, por la afición y por el propio deporte.

Y también por los niños que cada fin de semana ven fútbol, siguen a sus ídolos e imitan sus comportamientos.
Mientras padres y educadores intentamos enseñarles que hay que saber ganar y saber perder, las cámaras muestran a futbolistas profesionales haciendo gestos obscenos hacia una grada.
¿Qué ejemplo estamos dando?
No es la primera vez
Y lo preocupante es que no parece tratarse de un episodio aislado.
Guendouzi ya protagonizó una situación similar en 2022 durante un amistoso entre el Real Betis y el Olympique de Marsella.
El francés celebró un gol dirigiéndose hacia el banquillo verdiblanco, provocando la reacción del capitán del Betis, Joaquín Sánchez, que le pidió respeto.

La tensión fue aumentando hasta que, después del empate bético, ambos terminaron protagonizando un enfrentamiento que desembocó en una tangana.
Pero Joaquín tuvo otra manera de responder.
En lugar de entrar en una guerra de gestos, habló donde mejor sabía hacerlo: sobre el césped.
En el tramo final del partido puso una asistencia para que Rodri consiguiera el empate del Betis.
Fútbol contra provocación.
También ha tenido encontronazos con otros grandes nombres del fútbol. Durante el derbi entre Roma y Lazio, Guendouzi protagonizó un intercambio de gestos con Paulo Dybala, otro episodio que volvió a demostrar que el francés parece sentirse especialmente cómodo cuando el partido abandona el terreno deportivo y entra en el personal.

La UEFA debería actuar
Lo sucedido en Lyon debería ser analizado por la UEFA.
No se trata de castigar a un jugador por celebrar una victoria. Se trata de valorar una conducta reiterada y, sobre todo, el contexto en el que se producen estos gestos.
Un futbolista profesional sabe perfectamente que sus actos tienen consecuencias.
Sabe que miles de aficionados están delante.
Sabe que las cámaras están grabando.
Y sabe que una provocación puede desencadenar una reacción mucho más grave.
Por eso creemos que este tipo de comportamientos deberían recibir una respuesta contundente.
Si queremos luchar contra la violencia en los estadios, también hay que exigir responsabilidad a quienes, desde el terreno de juego, contribuyen a aumentar la tensión.
Las normas y el respeto deben valer para todos.
Fenerbahçe también debería reflexionar
Y hay otro aspecto que resulta especialmente llamativo.
Después del partido, el propio Fenerbahçe optó por celebrar en redes sociales la clasificación y utilizar imágenes de Guendouzi en sus publicaciones.

Celebrar el regreso a la Champions League es completamente legítimo.
Pero cuando uno de tus jugadores protagoniza unas imágenes tan polémicas, también sería razonable esperar una condena pública de aquellos comportamientos que puedan alimentar la violencia.
Porque un club tiene una responsabilidad que va más allá del resultado.
El fútbol necesita referentes
Guendouzi tiene 27 años, experiencia internacional y una larga trayectoria en el fútbol profesional.
Precisamente por eso resulta difícil entender que no sea consciente de la repercusión que pueden tener sus actos.
Aquí no hablamos de personalidad.
No hablamos de carácter.
Y tampoco hablamos de rivalidad.
Hablamos de inteligencia y respeto.
Saber cuándo celebrar.
Saber cuándo parar.
Saber ganar sin humillar al rival.
Porque ganar un partido no convierte a nadie en superior a los demás.
El fútbol necesita pasión, rivalidad y emoción. Necesita jugadores que defiendan sus colores y celebren sus victorias.
Pero no necesita que la provocación se convierta en protagonista.
Nuestros hijos no necesitan ídolos que enseñen que ganar significa humillar. Necesitan referentes que sepan ganar con grandeza.
Y lo ocurrido en Lyon debería servir para recordar algo que nunca debería olvidarse:
Saber ganar también forma parte del fútbol.


