Barcelona Racing dejó mucho más que una goleada en el marcador. Hoy no toca hablar de posesión, ocasiones o estadísticas. Hoy toca hablar de identidad. Porque la derrota del Racing ante el FC Barcelona no debería analizarse únicamente desde el resultado.
Lo que resulta mucho más difícil de aceptar es la forma de afrontar el partido.

No hemos vuelto a Primera para entregarnos
El Racing no ha regresado a Primera División después de tantos años para entregarse ante ningún rival. Tampoco ha vuelto a la élite para arrastrarse por ningún campo. Esta afición ha esperado demasiado tiempo para volver a disfrutar de noches como la de hoy.
¿Se puede perder? Sí.
¿Te pueden meter siete goles? Sí.
¿Puede el Barcelona ser infinitamente superior al Racing? Por supuesto.
Pero hay algo que no debería negociarse nunca: la obligación de competir.
Y hoy esa sensación ha brillado por su ausencia durante demasiados minutos.
Un once que deja demasiadas preguntas
José Alberto López decidió afrontar el encuentro con un once repleto de novedades y con futbolistas que apenas habían tenido protagonismo hasta ahora. Mientras tanto, algunos de los jugadores más importantes del Racing comenzaron el partido desde el banquillo.
Yassir Zabiri, Pablo García,Íñigo Vicente, Jorge Salinas, Pratti o Iván Martín no fueron titulares. Jugadores que están llamados a tener un peso importante durante la temporada quedaron fuera de un partido en el que el Racing necesitaba, como mínimo, presentar sus mejores argumentos.
Incluso Manu Hernando, central, tuvo que ocupar el lateral derecho. Y aparecieron futbolistas que todavía no habían disputado ni un solo minuto esta temporada, ni siquiera en encuentros en los que el marcador había permitido dar oportunidades con mucha más tranquilidad.
La cuestión no es culpar a los jugadores que saltaron al terreno de juego. Ellos no tienen la culpa de la decisión y merecen todo el respeto. El problema está en el planteamiento elegido para un escenario de semejante magnitud.
¿Era este el partido para hacerlo?
Esa es una pregunta que corresponde responder al propio entrenador.
Una falta de respeto al aficionado que ha llegado hasta aquí
Y hay algo que tampoco podemos olvidar: el espectador y el aficionado merecen respeto.
El Racinguista ha esperado años para volver a ver a su equipo entre los grandes. Ha acompañado al club durante temporadas muy complicadas, ha celebrado el ascenso y ha asumido que esta temporada tocará sufrir en muchos campos.
Nadie exige ganar al Barcelona.
Nadie exige dominar al Barcelona.
Nadie exige que el Racing salga de cada estadio con puntos.
Lo que sí puede exigir el aficionado es ver a su equipo competir, luchar y defender el escudo con sus mejores armas disponibles.
Porque pagar una entrada, desplazarse cientos de kilómetros o sentarse delante de un televisor para ver a tu equipo en Primera también genera unas expectativas legítimas. No de victoria, sino de compromiso.
El aficionado puede aceptar una derrota. Puede aceptar una goleada. Lo que resulta mucho más difícil de aceptar es tener la sensación de que el partido se ha dado por perdido antes de disputarlo.
¿Dónde queda la identidad del Racing?
Este equipo ascendió porque tuvo una identidad. Porque fue reconocible. Porque compitió. Porque creyó cuando muchos otros dejaron de hacerlo.
Este Racing no ascendió para tener miedo a Primera. Ascendió para jugarla.
La permanencia será complicada. Habrá derrotas dolorosas. Habrá noches en las que el rival sea claramente superior. Habrá partidos en los que el Racing termine goleado.
Todo eso forma parte del fútbol.
Lo que no puede desaparecer es el orgullo.
Y precisamente por eso duele más lo ocurrido hoy. Porque el Racing podía perder perfectamente siendo Racing. Podía salir derrotado manteniendo sus señas de identidad. Podía recibir goles y aun así dejar la sensación de que había competido hasta el último minuto.
Eso es lo que hoy se ha echado en falta.
¿Puede esto abrir un debate sobre la competición?
Hay una cuestión todavía más delicada que merece ser planteada, aunque con precisión. Una rotación puntual no significa que se esté adulterando una competición. Un entrenador tiene derecho a gestionar su plantilla, tomar decisiones tácticas y repartir minutos entre sus futbolistas.
Pero también es legítimo preguntarse qué ocurriría si este tipo de planteamientos se convirtieran en una tendencia.
Si un equipo reserva habitualmente a sus mejores jugadores ante determinados rivales porque considera que esos encuentros están perdidos de antemano, podría abrirse un debate sobre si esas decisiones terminan desvirtuando la igualdad de una competición en la que cada punto puede resultar decisivo.
No estamos diciendo que el Racing haya adulterado la competición. Sería una acusación demasiado grave para realizarla basándose únicamente en un partido.
Pero sí creemos que la actitud mostrada hoy merece una reflexión. Porque competir en Primera no significa ganar siempre. Significa intentar ganar siempre.
Y José Alberto sabe que algo no ha funcionado
Paradójicamente, la imagen que dejó José Alberto después del partido resume perfectamente la situación.
Nada más señalar el árbitro el final, el entrenador racinguista saltó al terreno de juego para acercarse a sus futbolistas, levantarles el ánimo y tratar de consolar a unos jugadores que estaban realmente tocados, clavados sobre el césped después de la goleada.
Esa imagen sí representa algo que queremos ver en el Racing: dolor por la derrota, orgullo y sentimiento de pertenencia.
Y precisamente por eso cuesta todavía más entender algunas decisiones tomadas antes del encuentro.
José Alberto se ha equivocado hoy. Y probablemente sea el primero que lo sabe.
No pasa nada por reconocerlo. Los entrenadores se equivocan. Los futbolistas también. La dirección deportiva también.
Lo importante es aprender.
En Primera se puede perder, pero nunca perder la identidad
Porque este Racing tiene que entender algo muy pronto: en Primera División se puede perder contra cualquiera, pero nunca se puede perder la identidad.
Hoy no había que ganar al Barcelona.
Había que competir contra el Barcelona.
Había que salir al campo con los mejores argumentos disponibles, ser valientes, ser reconocibles y obligar al rival a demostrar durante 90 minutos por qué está entre los grandes.
Eso es lo que quiere la afición.
Eso es lo que merece este escudo.
Y eso es lo que exige una camiseta que tantos años ha tardado en volver a pisar estos escenarios.
Así no, Racing.
Perder entra dentro de lo posible.
Ser inferior al Barcelona también.
Encajar una goleada, incluso.
Pero salir a no competir, jamás.


