Hay derrotas que duelen por el resultado y otras que generan debate por la manera en la que se afrontan. El Barcelona – Racing de Santander ha dejado ambas cosas. El conjunto racinguista cayó con claridad en el Estadi Olímpic, pero lo más llamativo está siendo el discurso posterior de una parte de la afición: “Es una liga de dos equipos” y, por tanto, jugar contra Real Madrid y Barcelona poco menos que debe darse por perdido.
El problema es que ese argumento no parecía estar tan claro antes del partido.

Antes del partido, el discurso era muy diferente
Durante toda la semana previa al Barcelona – Racing se podían leer y escuchar mensajes cargados de ilusión. Que si el Racing podía dar la sorpresa, que si un milagro era posible, que si el equipo llegaba en un buen momento y podía aprovechar sus oportunidades.
Y eso es perfectamente comprensible. El fútbol vive precisamente de esas posibilidades. Nadie puede reprochar a un aficionado racinguista soñar con una victoria histórica ante el Barcelona.
Lo curioso llega después. Tras el partido, el discurso cambia y aparece la teoría de que esta es una liga de dos equipos, que competir contra ellos resulta prácticamente imposible y que lo inteligente era reservar jugadores pensando en la siguiente jornada.
¿Entonces para qué jugar?
Aquí está la contradicción que merece ser señalada. Si realmente se considera que enfrentarse al Real Madrid o al Barcelona es una batalla perdida de antemano, quizá habría que haber mantenido ese discurso antes del encuentro y no convertirlo en una explicación después de recibir siete goles.
Porque una cosa es reconocer la enorme diferencia de presupuesto, plantilla y recursos entre el Barcelona y el Racing, y otra muy distinta utilizar esa diferencia para justificar cualquier planteamiento.
El Racing podía perder en Barcelona. Era una posibilidad evidente. Pero también podía competir mejor, intentar incomodar al rival y mantener hasta donde fuera posible su identidad. Esa es precisamente la parte que ha generado más críticas entre la afición.
La apuesta por los suplentes también es debatible
José Alberto López decidió introducir numerosas rotaciones y reservar futbolistas pensando en los siguientes compromisos. La decisión puede entenderse desde una perspectiva de calendario y gestión de plantilla, especialmente teniendo en cuenta que el objetivo principal del Racing esta temporada es competir por la permanencia.
Pero que una decisión sea comprensible no significa que no pueda ser discutida.
El Racing salió a Barcelona con un equipo muy diferente al habitual y terminó encajando una goleada que deja una sensación especialmente amarga. No por perder contra el Barcelona, sino por la imagen ofrecida y por la sensación de que el partido podía haber sido afrontado de otra manera.
El Racing debe recuperar su identidad
Ahora toca pasar página. El próximo reto será el Celta – Racing, una jornada en la que el equipo deberá demostrar si realmente la decisión de reservar futbolistas tenía sentido.
Porque si el argumento era guardar fuerzas para competir contra rivales de su verdadera liga, entonces ahora toca hacerlo. El Racing necesita recuperar la intensidad, la personalidad y la competitividad que le han permitido regresar a Primera División.
Nadie exige ganar al Barcelona. Tampoco al Real Madrid. Pero sí parece razonable pedir al Racing que intente competir con sus armas, independientemente del escudo que tenga delante.
Las excusas no pueden cambiar según el resultado
El fútbol permite debatir prácticamente sobre todo: las alineaciones, los cambios, las rotaciones, el planteamiento o la gestión del calendario. Lo que resulta menos convincente es cambiar el discurso dependiendo de lo ocurrido en el marcador.
Si antes del Barcelona – Racing se hablaba de milagro, de sorpresa y de posibilidades de victoria, también hay que aceptar las críticas después de una derrota tan contundente.
Y si ahora se considera que esta es una liga de dos equipos, perfecto. Pero entonces convendría mantener ese argumento también cuando llegue el próximo partido contra uno de ellos. Porque el Racing no necesita excusas. Necesita competir, recuperar su identidad y demostrar en el campo que su regreso a la élite no ha sido para mirar desde lejos, sino para plantar cara.


